Cannelle González se adueñó de Tchaikovsky
El Universal / No es casualidad que Piotr Ilich Tchaikovsky y Dimitri Shostakovich sean dos de los máximos exponentes de la música clásica a escala mundial. Y es que cada una de sus piezas suena cargada de emociones que se pasean por el drama, la tragedia y, por qué no, hasta por el lujo que alguna vez representó el Imperio Ruso en los siglos pasados. 

Son precisamente estas premisas de la excentricidad que definió al  país europeo las que volvieron a la vida en la  Gala del Día de Rusia, una ceremonia musical que tuvo lugar en un Teatro Municipal a medio llenar, en la ciudad de Caracas, ayer. Fue con motivo de la conmemoración de la declaración de la soberanía de este país, hecha en 1990; es decir, de su independencia de la Unión Soviética (URSS), de la cual formó parte. 

El concierto estuvo bajo la batuta del maestro Luis Miguel González, al frente de la Orquesta Filarmónica Nacional. Empezó con la Obertura festiva, una pieza que Shostakovich escribió en el año de 1954 para celebrar el trigésimo séptimo aniversario de la Revolución de Octubre, que llevó a los comunistas al poder en ese país. De inmediato el ambiente se impregnó de los sonidos metálicos, propios de la Unión Soviética. Con todo, la ansiedad del público era notoria. Querían escuchar a Cannelle González, la joven violinista por la que estaban ahí.  

El momento más relevante del espectáculo llegó. La virtuosa, de apenas 12 años de edad, subió al escenario como artista invitada para interpretar una de las obras más románticas y al mismo tiempo más difíciles para el instrumento de cuerdas, el  Concierto para violín y orquesta  de Tchaikovsky. 

Con la seguridad sentida en cada movimiento y la química que demostró al compenetrarse fácilmente con el resto de la orquesta y con su director -quien también es su profesor-, la artista demostró una vez más de qué esta hecha. El depresivo sonido de la melancolía, que llevó a al autor de la obra a querer suicidarse, fue transmitido gracias a la habilidad y emoción con las que la niña, enfundada en un vestido púrpura, tocó su  instrumento. 

La canzonetta  es una de sus melodías favoritas. "Tchaikovsky siempre fue un personaje muy dramático y me identifico con eso. En especial con el segundo movimiento del Concierto para violín. Es una tristeza inmensa, en la que encuentras alegría y un motivo para seguir", dijo en una entrevista Cannelle González. 

Para culminar, la orquesta tocó la  Sinfonía número 6 , compuesta en 1893 por Tchaikovsky y estrenada ese mismo año bajo la conducción de su autor, poco antes de su muerte.

Cannelle González se adueñó de Tchaikovsky

Con Información de El Universal

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