VENEZUELA: El Caminante: John F. Kennedy, su aura
Comunicacion Continua / Por: Valentín Alejandro Ladra…

Siempre he admirado a John F. Kennedy, el dramático y nunca aclarado asesinato del presidente de Estados Unidos el 22 de Noviembre de 1963.

Hace poco me fue obsequiado el recién editado libro, ilustrado con numerosas e inéditas fotos -debe pesar casi dos kilos-sobre su fascinante vida y de cómo llegó a la presidencia a finales de 1960, derrotando por escaso margen al posteriormente defenestrado Richard Nixon, demócrata el primero republicano este último.

El título del espectacular libro, en idioma inglés y celebrando su centenario, es simple: JFK.

Al leerlo, ver las múltiples fotografías en blanco y negro, incluyendo a su esposa Jacqueline y multitudes que lo saludaban donde quiera fuera, su soledad, portadas de periódicos y hasta del primer debate televisado de la historia de los candidatos presidenciales de Estados Unidos, cuatro de ellos en realidad en blanco y negro cuando aun no se había potenciado el color, comenzaron a agolparse un sinfín de memorias en mi mente, parte importante de mi vida en la juventud.

JFK es un hombre -que se convirtió casi en una leyenda- un personaje digno de admirar por sus ideas liberales positivas, humanistas y de constante progreso, más allá de los consabidos problemas y dificultades como la situación misilística en Cuba, Kruschev, los Soviets, y el despertar inquieto de la nación americana. Una de sus preocupaciones era separar Religión del Estado, la equidad y creatividad social e individual para poder construir un mundo futuro mejor, sin guerras ni provocaciones.

Recapitulemos: ¿qué jerarca actual mundial puede vanagloriarse de ello, donde la paz y felicidad son valores inapreciables individuales y grupales que no deben teñirse de sangre y mendicidad por ambiciones personales, políticas, económicas y fanatismos de falsos poderes malignos, oscuros?

Fue precisamente el día 22 de Noviembre de 1963 cuando vi todo el drama y tragedia sin igual en la televisión en blanco y negro en mi pequeña habitación en el apartamento de mis recién conocidos tíos en, si la memoria no me falla, 135 Riverside Drive West en Manhattan, Nueva York, a pasos del paseo del río Hudson, mientras jugaba ajedrez con mi primo Mike -Misha en ruso-. Con fortuna gran parte de mi familia materna pudo escapar de la Rusia soviética en difíciles circunstancias.

Hacía apenas 5 meses había llegado, mis 15 años cumplidos, a Nueva York, que para mí era un mundo tan desconocido como puede ser el planeta Marte, para realizar mis estudios algo que no hacía con mucho entusiasmo en Buenos Aires, al seno de una familia que recién acababa de conocer. Pero esa es otra historia.

La noticia del asesinato de JFK en Dallas, Texas, convirtió de inmediato la calle, toda la ciudad e imagino a Estados Unidos y buena parte del mundo, en un cementerio de atónitas lágrimas y silencio mortal.

Sorprendido aun continué viendo las insólitas imágenes -olvídense del ajedrez- del asesinato y otras víctimas, perpetrado supuestamente por el misterioso Lee Harvey Oswald disparando con su rifle desde una ventana. Una novelesca vida digna del Archivo de Bourne, narrada posteriormente, machacada hasta el hartazgo como parapeto de otros misterios y verdades secretas de su "sola" culpabilidad, una inocente especie de lavado cerebral para estadounidenses y el mundo.

Atónito aun presencié su propia muerte cuando era llevado por agentes especiales por un supuesto mafioso, Jack Ruby -quien luego fue también asesinado-  a tiros de pistola, otro oscuro y enigmático personaje. Muchos otros extraños accidentes ocurrieron semanas y meses después, posiblemente relacionados con este sórdido caso.

Nacieron investigaciones que poco a poco se fueron diluyendo, a pesar de sorprendentes acusaciones. Imagino el secreto está bien archivado, vastas conspiraciones por delante. Más aun cuando poco tiempo después su propio hermano Bob Kennedy también fue asesinado por un extraño sirio Shiran Shiran, quien alegó escuchar voces en su mente que le ordenaban cometer el crimen. ¿Sabremos alguna vez la verdad en esta vida?

No podía creer lo que estaba viendo, en vivo y directo, aunque a mis cumplidos 15 años en el mes de Mayo aun no comprendía bien lo que sucedía y digerir el significado real.

Ese fue mi dramático bautismo al llegar a Nueva York. En los años siguientes seguí con mucha atención las posibles singularidades y hasta legados de conspiraciones del lamentable caso. Mucha tinta ha corrido desde entonces. Mucha gente lo ha olvidado después de 54 años. Los que saben posiblemente ya hayan fallecido. Pero existe, estoy seguro, en los archivos sellados bajo extrema seguridad. Muchos intereses en juego.

¿Qué hubiera sucedido si John F. Kennedy hubiera cumplido su mandato, y seguramente su segundo período también? Puertas y ventanas a un mundo posiblemente mejor y más valioso se hubieran abierto de par en par, y quizá la bella actriz Marilyn Monroe tampoco hubiera muerto.

Extraños y oscuros son los delgados hilos que mueven el destino del mundo. JFK, el primer católico irlandés, ganó la presidencia de Estados Unidos a finales de 1960.

Lo recuerdo muy bien, ya que en el sexto grado de primaria en la escuela Instituto Fahy de sacerdotes católicos irlandeses donde estudiaba como pupilo a mis 12 años, sólo saliendo los fines de semana -era muy peleón y una vez, o dos, me castigaron sin poder salir-, en la localidad en el oeste de Moreno, provincia de Buenos Aires, donde iba sólo en tren por casi hora y media desde la Capital donde vivía en la calle Medrano 747. El padre Strecklon, su director, nos dijo alborozado: "JFK, un hombre joven y dinámico, honrado y sabio católico irlandés, ganó la presidencia de Estados Unidos".

Al día siguiente no tuvimos clase.

Lo demás es historia.

Sigo leyendo este fascinante libro. No es solo un recuerdo histórico, sino un valioso testimonio presente del ideal humano para todos.

[email protected]                                     10.1.18

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