Startups ecológicas que convierten problemas en oportunidades
El Observador / Por Genoveva Malcuori

Aprovechar los desperdicios que dejan los pescadores luego de limpiar la carga del día y convertirlos en abono para plantas. Esa fue la idea que surgió en La Paloma, Rocha, luego de que cerraran las fábricas que elaboraban harina de pescado, y que dio nacimiento al emprendimiento llamado Abono de mar . Es llevado adelante por un productor hortícola orgánico, una economista y una ingeniera en Recursos Naturales Renovables.

La economista del equipo, Cecilia de Soto, explicó que la necesidad de darle utilidad al pescado surgió por parte del Municipio local, cuando el olor empezaba a invadir el balneario porque los restos eran tirados en cualquier lugar. La experiencia resultó positiva no sólo para las autoridades, sino también para los productores y vecinos de distintos puntos del país que compran el abono (que además de los residuos de pesca, es elaborado con restos de aserraderos y podas).

"Hay mucha gente hablando de ecoemprendimientos pero se mezcla muchas veces con fundamentalismos". Enrique Topolansky, coordinador del CIE-ORT.

Ese es un ejemplo de los emprendimientos ecológicos que se están desarrollando en Uruguay y que "buscan cambiar una realidad", a veces de consumo, otras de producción, "que ven que está impactando negativamente en el territorio o en la sociedad", explicó el coordinador del Centro de Innovación y Emprendimientos de la Universidad ORT (CIE-ORT) , Enrique Topolansky.

Pero generalmente "van contra ciertos valores que están arraigados" lo que hace que sean proyectos mucho más "difíciles de llevar adelante", detalló.

Cera de abeja y bambú Otra startup ecológica es Wabee Sabi, que trabaja en la línea de reducir el uso del nailon y aprovechar la cera de abeja que los apicultores no utilizan. Dos socios, uno arquitecto y el otro estudiante de la carrera Contador Público, propusieron la elaboración y comercialización de un producto alternativo al film plástico con el que se envuelven alimentos. Se trata de un paño de un material lavable, reutilizable (tiene una vida útil de un año), antibacterial y que se adapta a la forma que la persona le da.

El arquitecto Brian Díaz explicó que tras un acuerdo con la Agencia Nacional de Innovación e Investigación (ANII) comenzarán a trabajar a la brevedad en vistas a la comercialización del Wabee Sabi y se venderá en un pack que contendrá tres paños de distintas medidas.

ZHU bambú Según Analaura Antúnez, ZHU es una red de "bambuseros"

En tanto, ZHÚ –que significa bambú en Chino- es una plataforma articuladora de conocimiento, transformación y materialización del recurso, que en Uruguay es más conocido como caña de tacuara. La diseñadora industrial, Analaura Antúnez, quien ofrece servicios de diseño, consultoría y capacitación en el material, explicó que ZHÚ es una "red de emprendedores `bambuseros´", una especie de comunidad o movimiento.

Tanto Antúnez como otros emprendedores que optaron por trabajar con la caña de tacuara o que están empezando a hacerlo, valoran que es un recurso renovable de rápido crecimiento, fácil plantación y transformación. Se procesa como materia prima para diversos usos: construcción de muebles, objetos, textiles, carbón, papel y alcohol. Quienes lo utilizan destacan además los aspectos medioambientales y sostienen que un bosque de bambú genera mayor porcentaje de oxígeno que uno de árboles.

Uruguay Natural El coordinador del CIE-ORT reconoció que invertir en un ecoemprendimiento es mucho más riesgoso que hacerlo en uno que no lo es, por lo que los fondos de inversión todavía escasean. No obstante, consideró que Uruguay debe incrementar los recursos porque la temática "está muy ligada a lo que quiere ser como imagen país". Recordó la marca "Uruguay Natural" y agregó que "tener la capacidad de transitar hacia un país más verde es muy sinérgico con la visión de país que se quiere fomentar". Esto es lo que se ha hecho en distintos rubros, por ejemplo, en la reducción en el uso de la energía extraída del petróleo por la eólica o en la transformación de algunos desperdicios que se generan en la ganadería o agricultura en recursos con valor agregado.

40 pesos cuesta la bolsa de Abono de mar que pesa en el entorno del medio kilo.

Más allá de las dificultades que existen en Uruguay para conseguir respaldo, Topolansky destacó que se cuenta con el conocimiento para hacer: "lo que falta a veces es la capacidad de emprender o arriesgarse y tomar la decisión para hacerlo". Asimismo, comienza a existir una conciencia en los temas ambientales por parte de las generaciones más jóvenes. Al momento, generalmente, quienes se muestran más reticentes son los mayores de 50 años porque tienden a ven la producción como algo más aislado.

Sin embargo, "muchas veces hay conciencia en la temática y también inconciencia", comentó. "Hay mucha gente que se pone una bandera ideológica y pretende frenar el desarrollo en vez de utilizar el conocimiento para producir algo positivo", añadió. Para dejar a un lado las ideologías resulta fundamental incentivar la formación, la capacidad de reflexión de las personas y la integración de equipos multidisciplinarios. 350 pesos costará el pack de Wabee Sabi con tres paños de diferentes medidas destinados a envoltorio de alimentos. Con el fin de fomentar la formación días atrás el CIE-ORT y la embajada de Canadá organizaron la actividad Innovar en clave ecológica. Se realizaron talleres y se dieron a conocer ecoemprendimientos, algunos de los cuales son o fueron incubados por la universidad como Wabee Sabi.



Startups ecológicas que convierten problemas en oportunidades

Con Información de El Observador

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