Cuatro visiones de una capital centenaria
la tercera / Caminaron por las mismas calles y se sentaron en las bancas de los mismos parques; sin embargo, cada uno observó y vivió la ciudad a su manera. El resultado de sus observaciones y el imaginario propio que cada uno construyó de su ciudad, se puede ver en Santiago, 100 años en imágenes, que recoge la visión personal pero complementaria de cuatro fotógrafos, separados por generaciones y estéticas, pero unidos por un mismo interés fotográfico: la transformación de la urbe.

Publicado por ARC Editores – gracias al Estudio Villaseca, firma de abogados que celebra su propio centenario con este volumen, y distribuido a bibliotecas públicas de todo el país por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, a través de la Ley de Donaciones Culturales , el libro reúne más de 100 instantáneas y se inicia con la obra de Obder Heffer (1860 -1945), fotógrafo canadiense de origen, pero avecindado en Chile desde fines del siglo XIX, cuando comenzó a trabajar en el estudio Leblanc de Valparaíso, el que luego compró y trasladó a Santiago.

La mirada de Heffer sobre la ciudad es monumental y resalta la influencia europea que esta tuvo en la impronta de sus edificios y de la propia moda afrancesada de la elite, a quien el fotógrafo retrató asiduamente. El Cerro Santa Lucía y edificios como el Palacio Ariztía o la Bolsa de Comercio aparecen en todo su esplendor, al igual que desaparecidos inmuebles y espacios que impactan por su refinamiento como el Palacio Concha-Cazotte, construido por Teodoro Burchard en 1875 y demolido en 1935; el Hotel Plaza, ubicado al costado de la Plaza de Armas y que hoy se conoce por el Portal Fernández Concha; o la laguna del Parque Forestal, ubicada justo frente al Museo Nacional de Bellas Artes. Ver las fotos de Heffer es transportarse a un Santiago que mira constantemente a Europa y que goza de bienestar económico.

El recorrido escogido por el curador Samuel Salgado, quien usa imágenes del acervo del Centro de Patrimonio Fotográfico de la UDP, donde es director, así como del archivo de la U. de Chile, Biblioteca Nacional y Museo Histórico , sigue con el trabajo de Enrique Mora (1889-1958), otro extranjero, nacido en España, quien fue corresponsal en Puerto Montt para el Diario Ilustrado y revista Zig-Zag. A inicios de los años 30 se trasladó a Santiago y se hizo conocido por difundir Chile en formato de postal turística. De Santiago haría notables registros del Parque Balmaceda, la Plaza Baquedano y de calles emblemáticas como Ahumada, Alameda y Estado.

La mirada del ciudadano común llega con Antonio Quintana (1904-1972), sindicado como el padre de la fotografía documental-social en Chile y quien se caracterizó por su compromiso político al retratar a los sectores más vulnerables. El niño vendedor de diarios de los años 60, pasando por imágenes de los cités; de los pasajeros de una micro en los 50 o de los que esperan el tren en Estación Mapocho se cuelan por la lente de Quintana, revelando una ciudad que intenta equilibrar la modernidad del desarrollo económico con las necesidades sociales de los chilenos.

A su vez, Luis Weinstein (1957), quien también se ha dedicado a la fotografía documental desde los años 70, registra las escenas cotidianas de una ciudad cada día más convulsionada y en permanente crecimiento. Con ángulos y composiciones más audaces, Weinstein pone atención en los letreros que iluminan la capital y en los edificios espejados, cada vez más altos, que no paran de levantarse. Una imagen de la construcción de la línea 1 del Metro, en 1974, da cuenta de una transformación a la que aún no dejamos de asistir.

Cuatro visiones de una capital centenaria

Con Información de la tercera

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