VENEZUELA: 'La Sub-20 del cine nacional'
Contrapunto / Si los jóvenes de la selección nacional de fútbol Sub-20 llenaron de orgullo a millones de venezolanos, al titularse subcampeones en la Copa Mundial Corea del Sur 2017, en otra área, que nada tiene que ver con el balompié, irrumpen nuevos talentos a los que hay que apoyar, no por una cuestión de chauvinismo, sino por el simple hecho de reconocer la originalidad, el compromiso, la seriedad y el talento con que asumen la creación desde el campo de expresión que cada uno de ellos ha escogido. Me refiero a los cineastas Rober Calzadilla, Jorge Thielen Armand y Gustavo Rondón Córdova, a quienes muchos de sus connacionales todavía no conocen, pero que comienzan a abrirse puertas en el panorama cinematográfico internacional.

A esta tríada que podríamos englobar en el término la"renovación del cine venezolano?"aunque la etiqueta no sea más que una manera de llamar la atención ante la coincidencia de la aparición de los trabajos de Calzadilla, Thielen Armand y Rondón Córdova? ya se les ha oído nombrar en festivales como Cannes, Venecia, Berlín, Cartagena, Biarritz, San Sebastián, Miami…

Pero más allá de su repercusión en el extranjero, lo que no hay que perder de vista es la mirada que cada una de estas obras lanza a la realidad venezolana. Una mirada que privilegia lo social, lo político y lo familiar, y que se permite metaforizar al país, convertirlo en simbología de una humanidad olvidada, vilipendiada, señalada desde el poder, empobrecida, victimizada?

El caso más evidente de lo anterior es el del filme El Amparo , que recrea desde lo humano"lo más importante? el brutal asesinato de 14 pescadores de una localidad del estado Apure, acaecido el 29 de octubre de 1988, durante la presidencia de Jaime Lusinchi.

Con guión de Karin Valecillos, el cineasta Rober Calzadilla se adentra sin efectismos en el retrato puro y directo de dos fuerzas encontradas: por un lado, la de los dos pescadores que sobrevivieron a la masacre que defienden la verdad y no aceptan que ni a ellos ni a sus compañeros asesinados se les tilde de"guerrilleros?, y a los que se les une todo el pueblo de El Amparo y los medios de comunicación independientes; y por el otro: la de un Estado que abusa de su poder para torcer la verdad, que recurre a fiscales públicos para engañar a los sobrevivientes, y que ondea la bandera de la impunidad para que los oficiales de las Fuerzas Armadas responsables de la matanza no vayan a la cárcel, que era el"deber ser"

Perfectamente naturalista, sin abandonar los momentos en que la realidad se permite cierta poética, El Amparo motiva, además, una reflexión sobre la Venezuela actual, en la que las FANB cometen todo tipo de excesos contra la población civil, vulnerando todos los tratados de respeto a los derechos humanos.

Por supuesto, los personeros del Gobierno han elogiado la cinta de Rober Calzadilla sin extrapolar su mirada, interesadamente miope, para recordar solamente las injusticias de la llamada Cuarta República, cuando en realidad la impunidad se ha convertido hoy en una aberrante política de Estado que, entre su vergonzoso saldo de violaciones a los derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, cuenta con 67 muertos en casi igual número de días de protestas civiles en contra de la ruptura del hilo constitucional.



Con un tono decididamente más poético, La soledad , de Jorge Thielen Armand, transforma una mansión caraqueña en ruinas en la perfecta imagen de un país arruinado, sin esperanzas de futuro, venido a menos y habitado por un puñado de criaturas que eligen los caminos más diversos para poder sobrevivir.

El filme, que resultó beneficiado con el programa educativo Biennale College-Cinema, recuerda con mucho a ese cine de añoranzas y remembranzas de la argentina Lucrecia Martel. Un cine que se mueve con el ritmo interior de los personajes y en el que el entorno modela sus conductas hasta hacerlos una representación de él. Porque, allí, en esa casa a punto de caerse en la que viven José, su esposa, su hija, su abuela y ocasionalmente su hermano, respira el país, un país que no abandona la fantasía, la quimera, de encontrar en el subsuelo la riqueza que lo saque súbitamente de la pobreza.

Jorge Thielen Armand traslada al cine venezolano la fuerza expresiva del relato de Julio Cortázar, "Casa tomada", con el telón de fondo nada lírico de una sociedad agobiada por la falta de oportunidades, la pérdida de valores, el desasosiego? irremediablemente condenada a la muerte, porque eso es, en definitiva, a lo que nos conduce un Estado que no termina de resolver la insólita escasez de medicamentos.



Finalmente, está La familia , de Gustavo Rondón Córdova, una cinta que se centra en la compleja relación entre un padre de 35 años que trabaja demasiado para medio vivir, y su hijo de 12, cuya crianza se limita a lo que puede aprender en un ambiente de violencia. Una riña, en la que el joven hiere gravemente a otro adolescente, obliga al padre a huir, junto con su irascible muchacho, pues sabe que la venganza no tardará en llegar.

Sin forzar las situaciones, Rondón Córdova pone a padre e hijo a interactuar. Quizás, Andrés no entienda a su hijo Pedro, no sepa cómo manejar su impulsividad, no sepa cómo decirle que lo quiere, no sepa cómo acercarse a él. Igualmente, el joven de 12 años quizás se sienta abandonado por su papá, le reproche a este que no le preste atención, que no converse con él, que no conozca a sus amigos. Pero cuando ambos seres se ven en la forzosa necesidad de ambular juntos para no terminar asesinados como consecuencia de un accidente que comenzó como un juego, un delgadísimo hilo de afecto comienza a tejarse entre ellos. Este es el concepto con el que la cinta de Rondón Córdova se aproxima a un entendimiento cabal del término"familia?, como único valor emocional capaz de salir a flote cuando todo alrededor se desmorona: la ciudad con su descomunal violencia, la improbabilidad del amor, el sexo sin afectividad, la amistad con sus mínimos atisbos de solidaridad y el desprecio gratuito que los adolescentes reciben de la mayoría de los adultos.

En definitiva, La familia no hace más que dejar en evidencia cómo un entorno hostil puede alterar la mecánica de las relaciones humanas, aun en lo consanguíneo.



Si es imperioso agrupar las tres películas mencionadas"en su momento comentaremos cada una en extenso? en un solo término, el de"renovación? sería el más indicado. Pero entendamos que tal renovación no se está produciendo por generación espontánea o por la gracia divina. La densidad que estas tres obras ofrecen en su acercamiento a algunos temas de interés como la justicia, la verdad, la impunidad, la violencia, la paternidad, el amor, la solidaridad, la memoria, la descomposición social y, sobre todo, la familia ­?aspecto en el que confluyen todas? no es más que el producto de la alta profesionalización de guionistas, directores, actores, directores de fotografía, músicos y editores.

El Amparo , La soledad y La familia son grandes películas que dejan en el pasado las costuras de las historias mal contadas, de los actores mal dirigidos y de aquel cine urgente que si bien sirvió en determinados momentos para dar una respuesta reactiva ante la realidad, se hizo también una norma muy confortable para rehuir la búsqueda de hallazgos estéticos en la puesta en escena, así como el análisis profundo y comprometido de lo que nos pasa y lo que somos.

Enhorabuena a Rober Calzadilla, Jorge Thielen Armand y Gustavo Rondón Córdova. Enhorabuena al cine venezolano. Hay esperanzas…

@juanchi62



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