El tambor de caja en las manos del diablo Roger Correa
Últimas Noticias / Arianne Cuárez . El día de Corpus Christi, cuando los Diablos danzantes de Naiguatá salen de sus casas hacia la Iglesia de Coromoto (ubicada en el centro de la parroquia varguense) para rendirse ante el Santístimo Sacramento del Altar, el cultor Roger Correa  guía el trayecto de la diablada con el tambor de caja.

Así lo hace desde 1950, cuando el Santísimo sacramento escuchó sus súplicas y le concedió el milagro: "la sanación de un amigo muy querido que había sufrido un accidente pero también conocí el sonido de la caja y eso fue lo que más atrajo mi atención. Desde entonces soy el segundo cajero de la cofradía".

Vestido con el traje de diablo: alpargatas, sombrero, pantalón y camisa que alguna vez fueron de color blanco y que hoy lucen dibujos de todos los colores, Correa se sabe  todas las historias: sabe qué significan las campanas que los danzantes se ajustan en la cadera; también de los milagros concedidos y los efectos que produce "el maligno" el día de Corpus Christi "cuando éste anda suelto", agrega.

"Con los dibujos y las campanas ahuyentamos al enemigo, y todo lo que somos es parte de una tradición que protegemos y queremos. La diablada de Naiguatá es única", expresa.

La petición que éste año elevó la cofradía fue la consolidación de la paz, sin embargo la diablada también persigue otro gran anhelo: "que en Naiguatá tengamos nuestra propia casa cultural donde podamos conservar nuestra memoria y enseñar a otros", señala quien espera seguir tocando la caja hasta que su cuerpo se lo permita.

 

El tambor de caja en las manos del diablo Roger Correa

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