A propósito del día del maestro: ¿Qué quiere Dios de nosotros educadores?
Aporrea / su proyecto. Gracias a este rasgo propio, el ser humano puede superar lo contingente y alzarse hacia lo trascendente. La educación eleva al humano y por sus características dinámicas, progresivas, indeterminadas y abiertas a múltiples posibilidades a lo largo de la vida, por ella podemos encontrarnos con Dios. Todo lo bueno para el hombre es querido por Dios: por medio de la buena educación, Dios puede llegar al corazón del docente y de los alumnos, aunque no lo conozcan, no lo nombren ni piensen en El. Dios sabe "colarse" a través de los educadores para plenificar la vida de las personas.

Si el educador es creyente, si el educador considera a Dios como algo más que una idea, como una Persona que lo ama, lo espera y lo acompaña a lo largo de la vida, es importante que ponga su tarea educativa en las manos del buen Dios. En ese momento, la fe del maestro o del profesor –elemento central de su espiritualidad- se transformará en sostén para la misión. En los instantes de duda, tensión o incertidumbre, cuando los argumentos técnicos no alcancen y las fuerzas interiores disminuyan, la fe sostendrá y lo animará a continuar con su tarea, aquella misma que asumiera cuando descubrió la vocación de educador.

II. ¿Que pide Dios a los educadores?

En el camino de su propia realización, el ser humano se mueve por deseos contradictorios. Existe en nosotros una fuerza que ha de ser orientada y canalizada para que se convierta en energía constructiva. Esto requiere un dominio de si y una educación de nosotros mismos para transformar el querer en un poder bueno. Es voluntad de Dios que el educador se eduque educando, que crezca haciendo crecer, que desarrolle su parte mejor en el empeño de educar a los otros. Dios pide que nos empeñemos en hacer mejores a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes que nos son confiados; pide que los ayudemos a crecer en sabiduría, a desarrollar sus potencialidades, a negociar con sus talentos con prudencia y equilibrio. Está en juego su crecimiento humano, profesional, y también su crecimiento interior, espiritual en el sentido pleno de la palabra, que les haga capaces de afrontar también una sociedad exigente, dura, despiadada, competitiva. En este sentido y en este horizonte educativo, necesitamos una educación "global", para prepararles a los desafíos de la vida. El crecimiento humano y profesional ha de ir unido con la responsabilidad "ética", que significa convertirse en "buenos ciudadanos", honrados y responsables. La tarea educativa, que involucra muchas energías, es una verdadera misión "humanitaria". Por lo demás, ¿Qué cosa hay más grande que hacer crecer a personas que mejoran la calidad de vida propia y ajena, porque se han mejorado interiormente?

III. Coda

La educación (docencia) necesita de gente muy despierta y animada, y sobre todo, consciente de su responsabilidad. Necesita de una respuesta diaria. Quien es llamado para la educación, tiene que saber que es responsable ante el llamado para educar. Si somos llamados para las clases es porque tenemos madera, no de santo tal vez, pero sí de alguien que puede transmitir e influir en otros de manera positiva y duradera. Quien es llamado a la docencia, es llamado a tener una conversación constante con la verdad, con el conocimiento, con el ser humano, con la humanización de la persona. El llamado es la huella trascendente del docente.

A propósito del día del maestro: ¿Qué quiere Dios de nosotros educadores?

Con Información de Aporrea

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