Admisible rebeldía
El Universal / Confieso que me harté de recibir incontables mensajes escritos o videos contra Petro, Uribe, Fajardo, y contra los demás candidatos o lo que representan.

Como supongo que buena parte son fabricados por las mismas campañas de cada contrincante o, incluso, en naciones extranjeras, esta semana no voy a reenviarlos para no caer en el juego de este tiempo de la posverdad. A mis años, sería una insensatez propiciar la manipulación de quienes cooperan en la guerra de desinformación bajo el supuesto de que las mayorías somos maleables, ilusas, o ignorantes.

Me imagino que la tendrán peor quienes sólo tienen amigos de uno de los bandos, pues solo recibirán una versión de la verdad o de la mentira. Tengo la fortuna de tener amigos de distintos cotarros, lo que me resguarda un poco de la trampa de las plataformas digitales, que facilitan la tendencia natural de las personas a agruparse sólo con sus iguales, y percibir apenas la cara de una moneda que puede tener más de dos.

No sé si me acostumbraré al ya omnipresente ecosistema virtual, que banaliza la información importante pero que aviva todo lo viral, rebajando a su mínima expresión el debate de las ideas y los compromisos. Porque esto sí que lo saben los asesores políticos, quienes apelan a los sentimientos y miedos más profundos de los votantes, en desmedro de su inteligencia, porque saben que ciudadanos borregos ponen votos aunque ello suponga entregarse al verdugo propio.

Mi inquietud ahora es cómo atinar al mejor candidato, sin dejarme influenciar de las manipulaciones; o cómo mantener viva la rebeldía juvenil que se va apagando con los años y las comodidades logradas a largo de la vida. Y me responde la conciencia que debo ser coherente con mis convicciones íntimas, las que no variarán por los vaivenes de los intereses creados, los cálculos, los resentimientos o las amistades políticas.

Tendré que analizar y comparar, más que por las palabras de los aspirantes, por sus obras, y confrontar lo que piensan frente a lo que riñe o no con mis más fuertes convicciones. No sería coherente, por ejemplo, votar por un candidato que arriesgue valores como promover la justicia social, luchar contra la pobreza y la inequidad, defender el medio ambiente, la dignidad de la persona, el sentimiento de justicia y de libertad, la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el amor a la familia, el respeto a la vida, la tolerancia, el deseo de cooperación y de paz.

Corresponde enterarse de manera directa lo que han hecho y dicen pensar los candidatos, para elegir al que más se acerque a estos ideales que son tan caros.

*Abogado

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Admisible rebeldía

Con Información de El Universal

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