La sed del futuro
El Observador / Según datos proporcionados por la BBC , alrededor de mil millones de personas en el mundo carecen de agua potable y a unas 2.7 mil millones les falta el agua al menos un mes al año. De las 500 ciudades más grandes del planeta, una de cuatro enfrenta escasez de agua, y hay 11 con alta densidad poblacional cuyos acueductos van camino a quedar secos: Ciudad de México, São Paulo, Bangalore, Beijing, Cairo, Yakarta, Moscú, Estambul, Londres, Tokio y Miami, en ese orden decreciente de severidad.

La carencia de agua en vastas áreas planetarias es un problema grave del cual se habla poco, mucho menos de lo que se debería, como si solo los afectados fueran los únicos en preocuparse. Aunque hoy parezca parte de un mundo de ciencia ficción, una distopía a largo plazo, las guerras por el control del agua están a la vuelta de la esquina. Hacia esa realidad se encamina la historia por venir en breve.

Por una percepción cuyo trasfondo es racional, tendemos a suponer que el petróleo es un lujo de ciertos países y que el agua es fácil de encontrar en cualquier lado, incluso en el desierto donde hay oasis y espejismos. Damos como un hecho absolutamente normal que abriendo la canilla sale toda el agua que queremos. Podemos bañarnos tres o cuartos veces al día, tomar decenas de vasos, regar el jardín, lavar la ropa, el auto, la bicicleta y terminar el día dándonos un baño más, dando por descontado que el agua igual estará ahí, perfecta, transparente, lista para ser usada y hasta derrochada. Nada le falta para ser necesaria.

La imaginación, en cierta manera, se ha acostumbrado a concebir un mundo futuro sin petróleo, o con gran escasez del mismo, lo cual cambiará radicalmente el paisaje de nuestra era. Podemos visualizar un mundo sin petróleo, paralizado y con ciudades en estado de caos. Pero, por pereza o error de apreciación, quién sabe, cuesta aún vislumbrar un planeta con falta generalizada de agua, lo cual traería, además de las lógicas vicisitudes de cada individuo, grandes guerras de países 'secos' y poderosos contra aquellos con recursos acuíferos en su territorio.

Pues bien, esa realidad, que algunos han de considerar apocalíptica, será la que defina a un mundo cada vez más presente que futuro.

La sed del futuro

Con Información de El Observador

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