Rostros del mal: Henry López Sisco: El Rambo nuestro
Primicia / Para unos es el súper policía venezolano, héroe del rescate de los 82 rehenes del vuelo 252 de Aeropostal, para otros un terrorista y asesino que debería pagar ante la justicia por las masacres de Yumare, Cantaura y El Amparo. Los gobiernos de Chávez y Maduro lo han acusado de estar detrás de varios planes de magnicidio y desestabilización desde su exilio en Costa Rica.

Pablo Picasso decía que "aunque solo existiera una verdad única, no se podrían pintar cien cuadros sobre el mismo tema" y eso ajusta perfecto a la historia de Henry López Sisco, un solo hombre, una sola verdad, pero muchos cuadros: para unos un héroe, el súper policía, el comando; para otros un asesino, un torturador, un terrorista. Al final cada quien se queda con el cuadro, la historia que quiere, aquello que más le gusta y descarta todo los demás.

Asilado en Costa Rica desde 2006, López Sisco es sin duda el policía venezolano más famoso de los últimos 50 años, tanto por sus habilidades tipo boina verde, como por las masacres y crueldad con las que se le vincula, tan es así que cada cierto tiempo el Gobierno lo pone en los titulares, acusándolo de estar detrás de planes de desestabilización y magnicidio que fraguaría desde su "apacible" exilio centroamericano.

En esas muecas torcidas de la maestra vida, entre sus acusadores no solo está el presidente Nicolás Maduro -que cada tanto lo menciona- sino que figuran la exfiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz y el exministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, quienes en su momento no tuvieron el más mínimo filtro para acusar al "súper policía" de ser el mal hecho hombre

¿Qué dirán ahora? Cuánta razón tenía Pablo: "Aunque solo existiera una verdad única, no se podrían pintar cien cuadros sobre el mismo tema".

A López Sisco, un tipo no muy alto -1.70 m- bigotón, de mirada taimada-tristona se le vincula tanto a hechos heroicos como despreciables, que van desde el rescate de todos los rehenes del vuelo 252 de Aeropostal, hasta las masacres de Yumare, Cantaura y El Amparo, pasando por represión durante El Caracazo de 1999 y los sobres bomba de 1993 y unos cuantos planes de magnicidio y desestabilización.

La vida del hombre que pasa ahora sus días asesorando a una trasnacional de seguridad y disfrutando de competencias de tiro, da sin duda para el libreto de una súper producción cinematográfica estilo Hollywood.

¿Quién es López Sisco? "Macho hembrero, bebedor de whisky y conversador"… "Hábil y resteado cuando iba a los cerros de Catia a quebrar malandros con un tiro de gracia en la frente"… "Su nombre es una leyenda. Era un tipo fuerte, de gran capacidad policial. No le temblaba el pulso"…. "Un criminal y un terrorista", son solo algunos de los testimonios que sobre él se pueden leer en la red.

Especialista en operativos de inteligencia, contrainteligencia, saboteo, antiguerrilla y estrategias anticomunistas, Henry López Sisco nació en Sucre el 24 de octubre de 1945 y ser policía estaba en su ADN -o conveniencias- pues su padre fue un destacado cuadro de la Dirección General de Policía

(Digepol), disuelta por Rafael Caldera en 1969 para crear la Disip.

En 1964 López Sisco ingresó a la Policía Técnica Judicial (PTJ), donde estuvo durante dos años, hasta que se marchó a la Digepol donde su padre tenía muchos contactos, lo que facilitó que sin ser militar ingresara a la famosa Escuela de las Américas, que para la época funcionaba en Panamá.

La Guerra Fría entre EE UU y la URSS estaba en su apogeo y en la Escuela de las Américas recibían formación militar e ideológica destacados cuadros anticomunistas de los ejércitos latinoamericanos, entre ellos los asesinos y represores argentinos Leopoldo Galtieri y Roberto Viola, el boliviano Hugo Bánzer Suárez, el salvadoreño Roberto D´Aubuisson, el panameño Manuel Noriega, el peruano Vladimiro Montesinos, así como dos de los tres oficiales vinculados con el asesinato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, en El Salvador.

López Sisco se preparó además con el Mossad israelí, el MI5 británico y otros cuerpos de seguridad internacional. Incluso estuvo en Fort Bragg, donde se adiestran los boinas verdes.

Héroe del avión Fueron años de preparación en varios continentes y a su regreso a Venezuela, disuelta la Digepol, pasó a la Disip y asumió la creación de las brigadas de intervención o grupos comandos, que combatirían la incipiente guerrilla de izquierda.

Sus conexiones políticas y policiales, su carácter temerario y su anticomunismo a rabiar catapultaron su carrera, pero su momento estelar llegó en 1984, cuando protagonizó el rescate de los 82 rehenes del vuelo 252 de Aeropostal en Curazao.

La aeronave, El Zuliano, despegó la tarde del 29 de julio de 1984 de Caracas con rumbo a Curazao, en lo que era un breve vuelo de menos de 30 minutos, pero que se convirtió en una odisea de 38 horas, luego de que dos sujetos con armas de fuego y granadas de fragmentación tomaran control del vuelo e iniciaran una andanada de peticiones que parecían mera improvisación.

Los secuestradores del avión eran el disidente haitiano Dominique Hilertant y el dominicano Félix Segundo, alias El Bello Milagros, quienes se habían conocido en una cárcel en República Dominicana y luego coincidieron en una pensión en El Silencio, Caracas.

Hilertant, un exmilitar haitiano, que se desempeñaba como portero nocturno de un hotel en Caracas, estaba empeñado en derrocar al dictador Jean Claude Duvalier. Segundo era un aventurero de múltiples ocupaciones, la más conocida de ellas la de soldador, oficio que lo había llevado a varios países como

Curazao, Estados Unidos, Colombia y, por supuesto, Venezuela.

En nombre de la causa contra Duvalier -o como pretexto para otras ideas- los sujetos planificaron el secuestro de una aeronave y empezaron por comprar los boletos en una agencia de viajes de la avenida Baralt.

Al asumir el control del vuelo poco después del despegue le ordenaron al piloto cambiar el rumbo hacia la isla de Margarita, pero se arrepintieron y ordenaron cambiar el rumbo: "Mejor para Trinidad, porque la policía venezolana es muy arrecha".

Luego de sobrevolar por horas Trinidad los dejaron aterrizar, cuando estaba por acabárseles el combustible.

Tras horas de negociación las autoridades de Trinidad les suministraron combustible para seguir hacia otro destino y se marcharon a Curazao, donde empezaron las peores horas del secuestro. Hilertant y Segundo cambiaron varias veces sus exigencias, primero solicitaron que les fuera devuelto un arsenal que meses antes les había decomisado, conformado por 30 sub ametralladoras UZI, 24 fusiles M-16, 6 docenas de pistolas calibre 38 y 24 granadas fragmentarias.

Al poco tiempo cambiaron su petición por dinero en efectivo: querían 5 millones de dólares. Luego bajaron la cifra a tres millones, un helicóptero y salvoconductos para viajar a Europa.

Mientras las horas pasaban el terror se apoderaba de los pasajeros del vuelo, sobre todo por la actitud de Félix Segundo que ya había triturado la mano de un niño con la cacha de su pistola.

Era tal la tensión que una mujer de nacionalidad argentina, María Simkin de Puerta, abortó, lo que hizo a los sujetos considerar la posibilidad de bajar del avión a un reducido grupo de personas como señal de "buena voluntad".

Entre las seis personas que bajaron del avión estaba el esposo de la mujer que había abortado, Federico Puerta, quien se comprometió con los secuestradores a buscar con su familia 1,2 millones de dólares para que la liberaran a ella y su pequeño hijo que quedaban como rehenes.

Las negociaciones del primer ministro de las Antillas holandesas, Don Martina, con los secuestradores eran infructuosas y avanzada la noche de ese 30 de julio se temía lo peor.

Los secuestradores quisieron presionar más a las autoridades y amenazaron con hacer explotar el avión.

"Es imposible que ustedes quemen esto, hay niños, gente inocente a bordo", le gritó una desesperada aeromoza a Segundo y por respuesta obtuvo un chorro de gasolina en su cuerpo y que el dominicano le acercara un fósforo prendido a la cara durante eternos segundos.

En la isla de Curazao había dos grupos de comandos especiales, un Swat estadounidense y un grupo de la Disip, encabezado por el comisario Henry López Sisco, quien años después relataría para un programa especial de Rctv que ambas unidades especiales se habían reunido cinco veces y cada una tenía su propio plan, solo esperaban que las autoridades curazoleñas le dieran luz verde a cualquiera de los dos equipos.

Al final se optó por los venezolanos -aunque siempre se ha especulado que comandos estadounidenses fueron determinantes en la acción armada- que tomaron el avión cerca de la medianoche de ese 30 de julio de 1984.

Primero le dispararon a los cauchos del avión para que no pudiera salir de la pista y luego usaron granadas aturdidoras para irrumpir en la aeronave y matar a Félix Segundo, no así a Hilertant a quien hirieron en un ojo.

"En una situación como esta lo peor que puede ocurrir es no matar al secuestrador" afirmó López Sisco, quien luego tuvo que darle muerte a Hilertant de un certero tiro en la cabeza cuando trataba de escudarse con una mujer y un niño.

En pocos minutos estaban libres los pasajeros y López Sisco se convertía en una suerte de súper policía, un Rambo criollo, amado como un héroe nacional, una imagen que se vino al piso cuando se le relacionó con varias masacres cometidas por los cuerpos de seguridad del Estado como Cantaura, (1982), Yumare (1986) y El Amparo (1988), así como por su presunta actuación en la atroz represión de El Caracazo de 1989.

 

Las masacres

El 4 de octubre de 1982, 23 guerrilleros del Frente Américo Silva (FAS) de Bandera Roja fueron sorprendidos por un operación militar a gran escala, en la que participaron centenares de policías y militares, apoyados por aviones Bronco y Camberra que bombardearon una zona enmontada en Changurriales, cerca de Cantaura, municipio Freites del estado Anzóategui.

Alexis Rosas en su libro La Masacre de Cantaura afirma que pese a lo intenso del bombardeo no hubo muertos y todas las víctimas cayeron en la avanzada terrestre, al término de la cual se registraron 23 cadáveres, de los cuales 14 tenían tiros en la nuca, señal evidente de que habían sido

ajusticiados. López Sisco era uno de los

Comandantes de la operación de ese día.

"Era un líder criminal y terrorista, su historial es bastante funesto, terrible. Es uno de los violadores de derechos humanos que utilizaba la represión a su antojo. Era uno de los alumnos predilectos de Luis

Posada Carriles. Fue entrenado en los Estados Unidos, en grupos represivos en Israel. Siempre participaba en los cursos de seguridad de El Mossad. Él era uno de los protagonistas de las cosas más violentas en materia de derechos humanos cometidas en el país durante la IV República", aseguró Ricardo Ochoa, secretario general de la organización no gubernamental Cantaura Vive, en un reportaje del diario La República.

Cuatro años después, el 8 de mayo de 1986, en el sector Barlovento, Caserío La Vaca, a las afueras de Yumare, estado Yaracuy, ocurrió otra masacre en la que estuvo involucrado.

Ese día fueron capturadas y asesinadas 9 personas en una "ofensiva contra guerrillera" realizada por comandos de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), bajo el mando del comisario López Sisco.

De acuerdo con la versión oficial había sido "un enfrentamiento armado contra un grupo de guerrilleros", pero las pruebas no calzaban y parecía más un ajusticiamiento por lo que los familiares de las víctimas iniciaron una lucha de más de 20 años, hasta que en 2006 un tribunal de Yaracuy aceptó su caso. Henry López Sisco abandonó Venezuela para radicarse en Costa Rica.

En 2009 el Tribunal 6° de Control de Yaracuy condenó a 13 años de prisión al general ( r ) del Ejército, Alexis Sánchez, quien admitió su responsabilidad en la Masacre de Yumare.

Ese mismo año el Ministerio Público también acusó a López Sisco y se pidió su extradición desde Costa Rica, imputándole los delitos de concurso real de homicidio calificado con alevosía por motivos innobles en grado de complicidad correspectiva en perjuicio de las nueve víctimas.

La para entonces fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, asumió el caso como una de sus banderas y rechazó que el gobierno de Costa Rica le concediera estatus de refugiado: "Esto es un cinismo. Me parece que es una burla para el Estado venezolano".

La tercera masacre con la que se le vincula data del 29 de octubre de 1988 y tuvo lugar en el sector El Amparo del municipio Páez de Apure, cerca de la frontera con Colombia, donde fueron asesinados 14 pescadores por funcionarios policiales y militares del Comando Específico "José Antonio Páez" (Cejap).

La acción formaba parte de la de la operación "Anguila III", que pretendía exterminar a grupos subversivos colombianos que realizaban incursiones frecuentes en suelo venezolano.

Al ataque sobrevivieron dos personas que desmontaron la versión de "los guerrilleros armados": solo eran pescadores y estaban desarmados.

Al frente del Cejap estaban el general Humberto Camejo Arias, secundado por López Sisco, a la fecha jefe nacional de Operaciones de la Disip.

En una entrevista con el periodista Hugo Prieto para el libro Todos somos garimperios López Sisco desmintió que hubiese participado, pues se recuperaba de las heridas que sufrió luego de caerse de un helicóptero mientras patrullaba la zona fronteriza, pero justificó la acción del Cejap y la calificó de "muy buena".

Pero esas no serían las únicas manchas - ¿o hazañas?- en el expediente de López Sisco, luego vendrían acusaciones de brutal represión durante El Caracazo de 1989; su presunta participación en el caso de los sobres bomba en 1993, el asalto a la embajada de Cuba durante el golpe de estado de 2002 y acusaciones de voceros del gobierno, entre ellos el presidente Nicolás Maduro, de planificar magnicidios y planes de desestabilización, temas que abordaremos mañana en la segunda parte de este Rostros del mal en PRIMICIA.

 

Rostros del mal: Henry López Sisco: El Rambo nuestro

Con Información de Primicia

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