BOLIVIA:
Los Tiempos / Desde pequeña, gracias al frondoso jardín que cultivaron mis padres, estoy familiarizada con los cientos de pájaros que abundan en Cochabamba. Así me inicié de aficionada en la ornitología. Hoy intento llevar un registro de las aves de la ciudad. Más que un documento científico, lo que consigo es un deleite solitario con tal prodigio de la existencia.

El listado empieza en la madrugada, cuando se perfila en el horizonte la "hora azul". Así como los grillos son la "banda sonora" del cielo estrellado, la materialización de esos instantes en sonidos se traduce en el dulce trino del "chiwalo" (Turdus amaurochalinus), que en primavera es el primero en despertar al alba y el último en cantarle al ocaso.

A medida que se aclara el entorno, despunta el canto del "chingolo" (Zonotrichia capensis) con un característico "chi chui chi chi chi". Junto a ellos, van despertando los "jilgueros dorados" (Sicalis flaveola) y las "ratonas" (Troglodytes aedon), ambas especies abundantes en el valle.

Con la luz del sol calentando las hojas de higueras, manzanos, nísperos y guayabos, se observa el espectáculo de los comensales de frutas, sobresaliendo el colorido del "naranjero" (Thraupis bonariensis), el canto de agua del "pepitero de collar" (Saltator aurantirostris) y el esplendor de los "sayubús" o "chogüis" (Thraupis sayaca), estos últimos, míticos pájaros celestes inmortalizados en una leyenda guaraní.

Recomiendo al lector que cuando vaya a comer salteñas en la zona de Cala Cala, espere con calma. De seguro aparecerá un gorrión (Passer domesticus) dispuesto a ser convidado a la mesa y a devorar, feliz, los restos. Este pajarito es tan aficionado a esta delicia criolla, que lo apodamos como "salteñero". Es probable que igualmente se vislumbren "cabecitas negras" (Carduelis magellanica) con un canto sutil y dulce que suena interminable, cual si fueran "maquinitas cantadoras".

Entrada la tarde, mientras un sinfín de golondrinas merodea por el cielo, se puede apreciar el grito del "benteveo" (Pitangus sulphuratus) que trae suerte, dicen. También es cotidiano escuchar el quejido del "cortarramas" (Phytotoma rutila) cuyo trino asemeja a un desganado lamento, por lo que la creatividad local lo llama "kella".

Cierra el día la extraordinaria orquesta de los "tordos músicos" o "tarajchis" (Molothrus badius) que, a veces, anidan en la casa de los "horneros" (Furnarius rufus) exponiéndose a la cruel venganza de estos últimos que, al verse despojados de su hogar, encierran vivo al invasor. Y ante la falta de árboles debido a la estupidez e irresponsabilidad humana, a los "horneros" se les dio por hacer "condominios" de varios "pisos" en los lugares más extravagantes.

Faltan muchas aves que no puedo mencionar por falta de espacio. Empero, espero que se tome este breve anecdotario como una humilde contribución para que se valoren y respeten estos pequeños seres que, en libertad, hacen de Cochabamba un lugar especial y sorprendente. Ello si no continúa la agonía de la primacía del cemento y el asfalto que, poco a poco, está convirtiendo en nostálgico recuerdo este tesoro.

 

La autora es socióloga.

BOLIVIA: "Joyitas aladas"

Con Información de Los Tiempos

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