Bob Dylan: a favor y en contra de sí mismo
Bob Dylan: a favor y en contra de sí mismo / El Mundo / En este juego del gato y el ratón que Bob Dylan viene practicando consigo mismo, el principal despistado es el público que acude a sus conciertos. Con la seguridad de que, tarde o temprano, su 'Never ending tour' acabará volviendo a España e incluso a la ciudad donde uno vive (en esta ocasión, hace parada en Barcelona, Zaragoza, Madrid, Córdoba, Granada y San Sebastián), se puede tener la tentación de pensar que sus conciertos son algo aprehensible. Pero no: Dylan es como ese Museo Guggenheim de Bilbao en el que precisamente tocó en su última visita española hace tres años: da igual desde donde lo mires, que tu cabeza nunca va a tener una percepción clara de cómo es ni qué forma tiene. Hay algo escurridizo que siempre se escapa. Hay un rechazo y una reivindicación de sí mismo que descoloca todo.

Este lunes en el Barclaycard Center de Madrid (antiguo Palacio de los Deportes), uno podía cerrar los ojos en ciertos momentos y, salvo por esa voz nasal y arrastrada, preguntarse qué era aquel coñazo de instumentaciones blanditas por el que se pedían de 70 euros para arriba por entrada. Pero luego, tras la pausa (y la única comunicación verbal con el público de Dylan: el propio anuncio de la pausa de 20 minutos), sentir que todo encajaba cuando sonaba la armónica de 'High water (for Charley Patton)', que uno se podía perder en las estrellas del 'Soon after midnight'. Al final, con el público en pie tras una travestida versión de 'Blowin' in the wind' al piano y cargada de ese 'blues' que fue el mínimo común denominador de la noche, amén de una 'Love Sick' casi 'reggae'', la gente se miraba como preguntando: "Ha estado bien, ¿verdad?". Y la respuesta quedaba flotando en el viento.

En teoría tocaba el último disco, 'Shadows in the night' , en el que rinde pleitesía al cancionero amoroso que popularizó Frank Sinatra , a esa forma de hacer música que precisamente se cargaron Dylan, Joan Baez y los jóvenes terribles del folk de los 60. Pero al final sólo cayeron dos temas de este trabajo: 'Full moon and empty arms' (que dio paso a la pausa) y 'Autumm leaves' (de Jacques Prévert para Yves Montand, antes de los bises). Casi toda la atención fue para 'Tempest' (2012), su penúltimo disco, más interesado en las raíces, blancas y negras, de la música estadounidense. Pero 'Duquesne whistle' y 'Pay in blood' se perdieron en las instrumentaciones mientras Dylan, abierto de piernas, moviendo los brazos extrañamente y con ese sombrero que termina de darle un aire de indalo, iba a lo suyo. Ese ir a lo suyo no significa necesariamente que no disfrute en sus actuaciones, aunque se esfuerce en disimularlo. Pero no es posible que alguien que está pensando en que tiene cosas mejores que hacer encadene en una serie 'Simple twist of fate' (uno de los dos recuerdos del 'Blood on the tracks' , junto con otra irreconocible 'Tangled up in blue'), 'Early roman kings' (de 'Tempest'), 'Forgetful heart' (de 'Together trough life'), 'Spirit on the water' (de 'Modern times') y 'Scarlet town' (de nuevo, de 'Tempest'). No, Bob, no siempre se puede ganar al despiste.



Con Información de El Mundo

www.entornointeligente.com

Visite tambien www.mundinews.com | www.eldiscoduro.com | www.tipsfemeninos.com | www.economia-venezuela.com | www.politica-venezuela.com | www.enlasgradas.com | www.cualquiervaina.com | www.espiasdecocina.com | www.videojuegosmania.com

Síguenos en Twitter @entornoi

También te puede interesar