Trump y el
La Nacion / Hasta hace unos días, era posible ingresar al sitio web de la Casa Blanca y acceder a la página de "Open Government" (Gobierno Abierto). Ya no más. Donald Trump acaba de remover toda mención a este tema y toda referencia al término "open data". Dio así una señal inequívoca de que también en este aspecto, su gobierno se diferenciará del de su antecesor.

El ex presidente Obama consideraba la transparencia, la participación y la colaboración, principios básicos de un gobierno abierto a la ciudadanía. Fue él quien, al asumir su primer mandato, impulsó esta filosofía de gestión pública y promovió la Alianza para el Gobierno Abierto, que hoy cuenta con la adhesión de 70 países. Estados Unidos asumió en esta materia un liderazgo mundial indiscutido.

Desde el día en que se conoció el triunfo de Trump como presidente, fueron muchas las instituciones y los medios que se plantearon cuál sería el futuro del gobierno abierto. Es que si un mismo partido político asume la presidencia y controla el Congreso, el sistema de frenos y contrapesos de la democracia peligra. En tal situación, se vuelve crítico el papel que pueden desempeñar la prensa independiente y las ONG. Naturalmente, para cumplir este rol es necesario acceder a la información sobre la actividad gubernamental.

El gobierno federal norteamericano conserva enormes cantidades de datos sobre cientos de temas que hasta ahora eran públicos. Muchos son de indudable importancia para que los ciudadanos puedan conocer qué está haciendo el gobierno para resolver sus problemas, cómo invierte los recursos obtenidos a través de impuestos o en qué medida su desempeño se aparta o no de las promesas electorales. Hace ya 50 años que este país aprobó la ley de libertad de acceso a la información. Hoy, con el nuevo presidente, ese acceso está amenazado y sus políticas pueden conducir a un "gobierno cerrado".

Además de prolongar el muro que separaría definitivamente a su país de México, es probable que el gobierno construya un "muro" alrededor de la propia idea de gobierno abierto. Trump no parece adherir al principio de la rendición de cuentas y acaba de enviar a sus agencias, órdenes ( gag orders ) para restringir la difusión de informaciones a la prensa y redes sociales. Numerosos científicos están copiando febrilmente en servidores independientes, cientos de archivos de datos sobre cambio climático, hasta ahora disponibles en sitios oficiales, en previsión de que Trump decida eliminarlos por no adherir a los acuerdos de París sobre el tema. Muchos otros grupos e instituciones también realizan backup de información, ante el riesgo cierto de que desaparezca de las páginas gubernamentales.

Además del borrado de archivos, se teme que los datos públicos pueden verse afectados restando presupuesto a las agencias que los producen, espaciando su difusión, dejando morir programas, reduciendo el tamaño de los muestreos u otras formas de empobrecer la información, hasta que su calidad resulte dudosa. Un observador acaba de dar un ejemplo contundente. "Si los datos muestran claramente que el fracking hidráulico impacta sobre la ocurrencia de terremotos, como ha sido demostrado en Oklahoma, ¿qué haría un gobierno si esa información fuera políticamente inconveniente para los intereses empresarios? ¿Financiaría tal programa estadístico? ¿Reduciría la periodicidad en la publicación de los datos?"

No es difícil imaginar qué haría Trump frente a esta disyuntiva. Es también concebible que promueva la salida de Estados Unidos de la Alianza del Gobierno Abierto. Hungría acaba de retirarse de la misma. Gran Bretaña está debilitando su compromiso. Una salida de Estados Unidos puede significar una estampida. Ya hay riesgo cierto de que decida abandonar los acuerdos sobre cambio climático y no se descarta que retire a su país de acuerdos e iniciativas internacionales en materia de política anticorrupción.

Es justamente este rebote externo de la política doméstica de Trump lo que debe preocupar al mundo, porque pone en riesgo uno de los pocos resultados positivos de la globalización: la búsqueda de acuerdos y compromisos que promuevan la conciencia de los pueblos sobre la fragilidad e inequidad del mundo en que vivimos, sobre la corrupción reinante, el calentamiento global, el desempleo o la pobreza. Es un retroceso y una señal de que, tal vez, la opción política dominante del siglo XXI ya no será entre gobiernos de izquierda o derecha, sino entre gobiernos abiertos o cerrados.

Investigador titular de Cedes, área política y gestión pública

En esta nota: Donald Trump LA NACION Opinión Donald Trump, presidente de EE.UU. Trump y el "gobierno cerrado"

Con Información de La Nacion

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