ESPAÑA: Los expatriados británicos en España hacen de tripas corazón por el Brexit
Expansión / El número de británicos que ha pasado el test de nacionalidad española, uno de los varios requisitos para obtener la nacionalidad, ha aumentado de forma espectacular desde el referéndum británico del pasado junio.

Era la mañana siguiente al referéndum del Brexit, y a Helen Darbishire le aguardaba un despertar difícil. "Salté de la cama y empecé a despotricar en todos los idiomas que conozco", recuerda.

Para ella, como para todos los británicos que viven en otros países de la UE, el resultado supuso un golpe amargo. Darbishire seguía los acontecimientos desde Madrid, la ciudad de la que hizo su hogar hace más de una década. Cosas que había dado por sentadas durante mucho tiempo -como la posibilidad de vivir, trabajar y viajar con libertad en cualquier lugar de la UE- de repente parecían en duda.

Para empeorar la situación, Darbishire no tardó en darse cuenta de que España no permite que los ciudadanos británicos posean la doble nacionalidad. Podía solicitar un pasaporte español, pero sólo a costa de renunciar a su ciudadanía británica. A medida que transcurrían los meses, y la postura de Londres se endurecía, empezó a dar la impresión de que era un precio que merecía la pena pagar: así que aprobó la primera parte del Examen de Nacionalidad Española en noviembre, y planea presentarse a la prueba de idioma en los próximos meses.

"Quiero tener un Plan B en el caso de que las negociaciones del Brexit salgan mal. Necesito una garantía de que seguiré disfrutando de libertad de movimiento en la UE", explica Darbishire, que dirige un grupo de defensa de la libertad de información que trabaja en toda Europa. "No creo que nadie renuncie a su nacionalidad sin reticencia y remordimientos. El hecho de que el Gobierno británico me obligue a contemplar esta opción es decepcionante, cuanto menos".

Los datos oficiales españoles muestran que Darbishire no es un caso único. El número de británicos que ha pasado el test de nacionalidad española (uno de los varios requisitos para obtener la nacionalidad) ha aumentado de forma espectacular desde el referéndum británico del pasado junio. El examen evalúa los conocimientos de los solicitantes sobre la legislación, la historia, la política, la cultura, la geografía y las costumbres sociales españolas. Los candidatos tienen que saber cuál es la capital del País Vasco, y que no se puede lavar el coche en parking común de un bloque de pisos.

En los seis meses previos al referéndum sobre la pertenencia a la UE, sólo 70 británicos se sometieron a la prueba. En los ocho meses transcurridos desde entonces, la cifra se ha disparado a 423.

Esto es sólo una fracción de los 300.000 británicos registrados en España. Pero los dilemas emocionales y prácticos que afrontan los británicos dispuestos a renunciar a su ciudadanía se extienden más allá de ese grupo. Resultarán familiares para todos los que se identifiquen igualmente como británicos y como europeos, y que -hasta el 23 de junio- nunca se vieron en la necesidad de escoger entre los dos.

Otros países de la UE -sobre todo Irlanda, Suecia y Dinamarca- también han registrado un repunte de los británicos que solicitan la ciudadanía después de que Reino Unido votase a favor de salir. Pero al excluir la doble nacionalidad para los británicos, España se ha convertido en una dura elección para muchos.

"Siento como si me enseñasen la puerta", lamenta Adele Price, una profesora de idiomas que vive en una población fuera de Madrid. Lleva en España casi tres décadas, tiene una pareja española, lee literatura española, ve películas españolas -y ahora se plantea solicitar el pasaporte español. "Algunos tal vez digan que soy una traidora, pero yo siento que mi país me ha traicionado", afirma.

Justin Byrne, un académico británico de una escuela de negocios de Madrid, expresa sentimientos similares. El Prof. Byrne se presentó a las pruebas de nacionalidad española antes del referéndum, fue rechazado y ahora ha redoblado sus esfuerzos debido al resultado de la votación. "El Brexit ha hecho que me sienta más aislado de la sociedad británica… Tengo la sensación de que me expulsasen de Reino Unido", asegura, añadiendo que sigue sintiéndose británico pese a llevar viviendo en España 30 años.

Según Sue Wilson, que preside un grupo de acción a favor de la UE con el nombre de Bremain in Spain, sólo una minoría de los expatriados británicos está estudiando cambiar de nacionalidad. "Suele ser gente que lleva aquí mucho tiempo, y que guarda una conexión especial con el país. Muchos se casarán con españoles".

La mayoría de los británicos que viven en España se concentran en la costa mediterránea. La mayoría no desea adquirir la nacionalidad española, y en muchos casos no posee los conocimientos del idioma necesarios para hacerlo.

En términos globales, el número ha aumentado de forma constante en las últimas décadas, de unos 76.000 en 1998 a casi cuatro veces esa cifra en la actualidad.

Muchos son pensionistas, que desean disfrutar de un clima más cálido, pero que con frecuencia vuelven a Reino Unido para pasar sus últimos años. Aunque dejar la UE no afecta a su identidad, sus temores prácticos son serios. "El mayor miedo es económico. La gente teme que se deje de pagar su asistencia sanitaria en España, y que puedan congelarse sus pensiones británicas", explica Wilson. "No creo que nadie piense que España nos va a expulsar. Pero la gente tiene miedo de que, por motivos de dinero, no les quede otra opción [que regresar a Reino Unido]".

Una de las frustraciones para los residentes británicos es que España permite a ciudadanos de otros países, sobre todo de Latinoamérica, conservar la doble nacionalidad. Hace dos años, España también aprobó una ley que permitía a los descendientes de los judíos que fueron expulsados del país en el s.XV solicitar un segundo pasaporte español. Desde el año pasado circula una petición que solicita el mismo derecho para los residentes británicos de larga duración en España, y hasta la fecha ha recogido 20.000 firmas. Por el momento, no obstante, el Gobierno no ha mostrado indicios de que esté dispuesto a modificar la ley.

Para Darbishire y otros muchos, tener dos pasaportes daría una solución fácil a su actual dilema. Pero si se ven obligados elegir, no tiene dudas de dónde están sus prioridades. "¿Por qué no habría de querer seguir disfrutando de mis derechos? ¿Por qué no habría de querer seguir disfrutando de libertad de movimiento?", pregunta, antes de añadir: "Soy europea".

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Con Información de Expansión

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